2008/01/18

Domingos por la tarde

Este fin de semana tengo visita, el Raúl ha venido de Barcelona a conocer la fiesta zaragozana.

Raúl es un tío muy majete, fiestero, enrollado, modernete y soltero recalcitrante, yo, en mi búsqueda personal de la vida perfecta como soltero le tengo muy en cuenta, lleva más en el rollo que yo, que debo confesar que soy más monógamo múltiple (como en "Cuatro bodas y un funeral") que solterito irredento...

Hablando con mi nuevo guía espiritual, hemos aislado el momento realmente decisivo que te hace maldecir la soltería; porque ser soltero tiene ventajas la mayor parte del tiempo; dispones de tu tiempo y tu energía como quieres y no le tienes que rendir cuentas a nadie, ni aguantar los malos humores de nadie, ni las reglas de nadie, ni los "tus amigos me tienen manía" de nadie... vas a tu aire y haces de tu vida lo que te apetece... todos los días todo el día...

El problema, es un momento aislado...

El domingo por la tarde.

El domingo por la tarde, cuando tienes resaca (como soltero), y tienes frescas en tu mente la cara de la gente como tú, que lleva el cuerpo machacado un sábado por la noche en el puto Ambigú... tus amigos con novia están sentados en el sofá con sus amorcitos, vegetando y disfrutando del amor... el amor no funciona los días de diario, sólo se lleva, te aguantan y aguantas, pero el domingo por la tarde... el domingo por la tarde, cuando el mundo occidental y cristiano está parado, los solteros sufrimos nuestra soledad, y los emparejados disfrutan de tener a alguien con quien tirar el tiempo...

Tuve una novia una vez, parece que fuera hace una vida entera... con la que quedaba todos los días a las cuatro y media a tomar café, dibujé muy poco aquella temporada (tenía mejores cosas que hacer), aquella chica, aprovechaba el domingo por la tarde para putearme. Estaba estupenda toda la semana, pero después de estar tan contenta el sábado por la noche por ahí (creo recordar que íbamos mucho a la Saganta y el Sidecar y yo me hartaba de tequila) llegaba el domingo y, a las cuatro y media, me regalaba con un estupendo pollo... era automático, aprovechaba esta debilidad que entra en domingo por la tarde para afianzar su poder sobre mí montándome una bolla por cualquier pijada "no me haces caso", "prefieres a tus amigos que a mí", "tus amigos me miran mal (ese gran clásico...)"...

La cosa siempre empezaba igual... ¿por qué son las mujeres así de poco directas?¿tanto cuesta decir las cosas como las sientes?... La cosa empezaba más o menos normal, paseo vespertino por Sagasta (donde vivo ahora, qué curioso), una bolsa de pipas y a pasar frío... visto según como, era poco apetecible, pero con la persona adecuada, estaba bien... y en un momento, cuando yo estaba con la guardia baja, empezaban los morros...
David: Oye, nena, qué te pasa?
Ella (no diré su nombre, pero aquellos que me conocen desde aquella época, tal vez aten cabos): A mí?... nada.
D: Tía, a ti te pasa algo, si no, no tendrías esos morros...
E: No estoy de morros.

Pero sí que estaba de morros, el tiempo transcurría, a medida que perdía yo mi felicidad por su mal humor, los morros se hacían evidentes...
D: Tía, a ti te pasa algo... dímelo.
En este momento ella no decía nada.
D: Venga tía.
Y ella nada.

Aquí ya no me quedaba nada de buen rollo, y yo, que además de ser un pánfilo, y a pesar de lo que vayan diciendo por ahí algunas malas lenguas, soy un pedazo de pan y un almíbar... Yo empezaba ya a perder todo el humor y a temer que fuera culpa mía.
D: A ver, qué te pasa.
E: Que qué me pasa... tú sabrás.
Yo me quedaba estupefacto... como no me gustan los conflictos, intento no ofender a nadie, y menos a la gente que quiero, pero esta chica... era muy difícil de complacer. Imposible.
D: No... no lo sé.
E: Ha/Ah/.../Juá/Hmm´ (Nunca podré escribir el sonido de asertación que emitía, era como una condena, ahí sabías que la habías cagado).

Siempre he sido un primo, siempre lo seré, y no tengo claro si quiero cambiar eso en mi persona, pero dado que estoy de reformas, tal vez sea un momento estupendo para, al menos con el sexo fuerte (es el débil por mis cojones), cambiar mi actitud...

En ese momento yo cometía el error más grande que podía cometer.
D: ¿Es algo que he hecho yo?
E: Tú sabrás.
Eso quiere decir que sí, pero lo que esta chica quería era que me arrastrara por el fango, pero como soy así de lila, yo caía en su trampa.
D: No sé... ¿Es porque hablara con aquella compañera mía de clase?
En su momento yo sabía que era arriesgado, que me estaba jugando el tipo, pero claro, yo creía que toda la gente tiene buena intención en la vida y que a nadie le gusta humillar al personal sólo por el placer de poder hacerlo.
E: No, no es por eso, pero estuvo fatal.
D: Pues si no es eso... ¿Qué es?
Menudo lila estoy hecho.
E: (Ella emitía un silencio audible en toda la avenida... lo he intentado a menudo, pero no soy capaz de repetirlo.)
A partir de ahí yo me dedicaba a desgranar todo lo que había hecho a lo largo de la última semana, y ella, sistemáticamente me lo iba añadiendo en la columna del "debe" (estudiaba algo como de empresariales, y nunca entenderé por qué suspendía contabilidad, si a mí me controlaba las deudas al dedillo!), y esperaba a que yo mismo me cavara mi propia tumba.

No sé si lo he dejado claro, pero yo soy un pardal de primera, y creo que la gente es buena, y si me apuras, puedo creer en papá Nöel, en el conejo de pascua y en los alargadores de pene...

Ahí estaba yo, a las ocho y media de la tarde dándole argumentos a mi novia para que me enterrara en un agujero que llevaba directo al infierno, cavado por mí mismo. Era más lista que yo, y yo lo sabía.
D (Al borde de la lágrima por la desesperación de no saber por qué me había convertido en Satanás, a pesar de haberme portado como un colegial del opus): Por favor, dime que es...
E: Es que no quieres acompañarme a ver a mi abuela.

Ahí me veía yo, en el fondo de una tumba de pecados confesados (que no eran tales, soy un tío muy majo), ante una salida espantosa... demostrarle que se equivocaba, que no me pasaba nada por pasar la tarde con su abuela (que tenía un espantoso perrito come coños que se meaba por toda la casa... o era el perro o era la abuela, pero en aquella casa olía a meados de morir...) y esperar a que vinieran sus padres opusianos a llevarnos a casa de ella en coche... Podía o acepatr todos los pecados que yo mismo le había fabricado, o pasar una tarde de domingo horrible...

Reflexionando, entiendo por qué pasé tantas tardes de domingo con su abuela en vez de follando en mi casa (que estaba disponible)... me manipulaba porque yo era un lila y ella lo sabía.

Llegó el momento en el que me aprendí su jugada.

Dulce victoria.

Una tarde de domingo empezó con los morros...

Y yo pregunté.
D: ¿Qué te pasa?
E: ¿A mí?... nada.
D: Ah, vale.

Pasé aquella tarde disfrutando de mis pipas mientras ella se desgañitaba creando silencios polares. Cuando ya fue demasiado tarde para poder ir a casa de su abuela, ella, como un corderito, dijo.
E: ¿Me acompañas a casa de mi abuela?, es que me da pereza volver a casa andando.

La acompañé a casa de su abuela, y no subí, le dije cualquier chorrada... mentira seguro (por aquel entonces aprendí, de ella, el fino arte de la ocultación de la verdad), y me fui a casa andando...

En el camino de vuelta, y con su juego totalmente a la vista, tomé la decisión de que algún día la dejaría...

No pasó tanto tiempo y se acabó el tema.

...

Los domingos no se debe discutir, es malo para el negocio. Ya discutirás el lunes.

No está bien manipular a quien te importa.

En domingo no.

Este fin de semana disfrutaré de mi soltería haciendo el puta con el Raúl por los bares de mi ciudad... el domingo lo dedicaré a ver alguna peli... tengo "Hijos de los Hombres" desde hace días esperándome, o tal vez "Vivir" de Kurosawa...

Los domingos por la tarde del soltero son bastante solitarios, y yo soy de esa gente a la que le gusta el amor y tal... sé que me sentiré solo y que echaré de menos tener alguien a mi lado... pero si te equivocas de chica, un domingo mal acompañado, es peor que un domingo solo.

Tal vez por eso se inventó el fútbol, para que solteros y casados pudieran tener algo de paz los domingos por la tarde.