2008/01/18

El mensajero psicópata

Regularme, un mínimo de una vez cada mes, recibo la visita de un sicópata.

Mi mensajero.

Es el señor que me trae mis copias de CatWoman, el papel y cualquier cosa que mis amigos americanos tengan a bien mandarme.

Resulta que tengo un problema con él.

Viene entre las ocho y cuarto y las ocho y media de la mañana. Y eso es una putada muy gorda.

Una vez, hojeando uno de esos manuales de etiqueta (qué pasa, he hojeado cosas peores), reparé en un apartado que hablaba sobre las horas de visita, y por la mañana no se debe pasar por una casa antes de las once, las doce es la mejor hora.

Todo se remonta a mediados de mayo, acababa de alquilar este mi piso, una preciosidad de apartamento, céntrico, estupendo, en un edificio con muchas oficinas y pocos vecinos, puedo hacer ruido que no molesto a nadie... En mayo yo estaba decidido a ordenar mi vida, iba a despertarme temprano y a ser una persona de bien... Un día. mientras venía a limpiar, me encontré con una furgoneta de Crono Express, la empresa que lleva FedEx en España, con un mensajero, y yo esperaba un paquete de papel.

Para el que aún no lo sepa, yo soy lo justo de miope, lo justo para no necesitar gafas para ir por la calle, y lo justo para no ver nada a cierta distancia.

Iba yo cargado con mis problemas y mis culpas, a dos manos y una boca, como una mula en el aconcagua... Me habían dejado varios avisos de llegada y yo esperaba los TPBs de CatWoman, esos tomos tan chulos que recopilan seis números de la misma colección, sin publicidad y con papel estupendo, una joya, yo esperaba mi paquete con veinte (veinte!) copias, para dar gusto a todos esos amiguetes que siguen mis andanzas yankis... Me esoy yendo del tema, iba cargado y agobiado cuando vi a ese señor con un paquete para mí.

Debo hacer un inciso, me esfuerzo mucho en dejar claro que soy un idiota, y aún hay gente que no se hace cargo... Me hace mucha ilusión recibir paquetes por mensajero... no es algo que te dejen en el buzón, no es algo que vayas a recoger a correos, es algo casi místico, un señor (o señora), con uniforme, para su camioneta con pegatinas distintivas, y te busca, a ti, para darte algo en mano... te hace sentir importante... Y en mayo me estaban dando mucha caña, necesitaba sentirme importante a cualquier precio.

El caso es que, a través de la neblina de mis problemas, vi aquella furgoneta, con aquel señor... con uniforme! Y supe que tenía algo bueno para mí... Tiré los bártulos al suelo (en realidad no lo hice, pero metafóricamente, sí), dejé que el limpiador multisuperficie se desparramara por el suelo de la avenida, y corrí dejando volar mi melena al viento al encuentro de aquel adalid de la cultura corporativa...

Llegué a su lado y no me dejé desilusionar por su aspecto de frikazo supremo, gafas de culo de vaso (últimamente estoy muy sensibilizado con las gafas), piel grasienta sudada por el calor del verano del cambio climático, ropa de trabajo azul currela absurdamente descuidada, pelo churretoso y mirada carente de todo vestigio de inteligencia, dentro de un furgoneto colección de cagarrutas de paloma e inmundicias.... Le pregunté si tenía un paquete para mí... y abrió la boca, un chorro de voz, como de pozo ciego, con acento inidentificable, me dijo que sí...

Me daba igual, mi ceguera causada por la falta de orgullo, me impedía ver el problema en el que me iba a ver envuelto, yo quería aceptación, quería respeto, y tenía delante a un señor al que no le iba a importar mi aspecto descuidado, mis piernas peludas ni mi aspecto de gran lebosky albino... él sólo quería entregar su paquete de una puta vez...

La tranquilidad del rostro de acémila de mi interlocutor, su aspecto de ferviente normalidad, me daban una alegría que no podía retener, e hice lo peor posible... le di conversación...

En un idioma extrañamente parecido al mío, aquel animal salvaje me comunicó que le venía fatal venir por las tardes hasta allí, que por las mañanas le era ideal para su ruta, y yo, complaciente como una estriper con el tanga lleno de billetes le dije que daba igual, que a partir de junio podía venir por las mañanas, en mi interior, yo sabía que mi vida iba a cambiar, que iba a levantarme pronto e iba a ser una persona de provecho... que viniera por la mañana... aquel resto de fábrica de la linea de producción de los mensajeros podía venir cuando quisiera...

No sabía lo que decía.

Me subí a casa con mis productos de limpieza, y en el ascensor, mientras sujetaba un palo de fregona con los dientes, abrí mi paquete, para descubrir con un punto de desazón, que me mandaban una mierda de sobre de papel mate de DC... que es como el dos de bastos de la baraja, una carta sin el más mínimo glamur.

A partir de ahí, empecé a pagar por mi crimen, por mi vanidad, por mi falta de carácter al permitir que la comodidad de aquel señor se impusiera a la mía.

Ahora, todos los meses, al menos una vez al mes, me despierta ese neandertal tocando el timbre a modo de cuerno infernal a las ocho y media dela mañana... Y yo me despierto sin saber si lo he oído de verdad o ha sido algún ruido de la calle que se ha colado en mi sueño y yo le he dado forma de sonido de portero automático. Mi portero no funciona bien, y puedo abrir, pero no puedo comunicarme ni recibir comunicación con el exterior. Así paso un par de minutos, medio despierto, medio dormido, esperando a ver si sube el hombre elefante o es que estoy loco y en ocasiones oigo timbres...

Entonces sube el tipo, si ha habido suerte, y me trae lo que toque, y yo desearía decirle que viniera más tarde, pero no puedo, porque o no me acuerdo, o tengo el cerebro demasiado líquido como para organizar nada, y a mi garganta no le da para articular sonidos.

Creo que el tipo lo sabe, sigue viniendo a esta hora, porque le viene bien y porque un cliente aturdido no da problemas.

Lo dicho, soy un lila.

P.D.: A ver, he cargado las tintas un muchito en la descripción del pobre mensajero, no es un monstruo (no es ningún dandy, por eso), es más la sensación que se me queda al despertarme como un zombie.