2008/07/13

La Flor de la Noche

Mi primer fin de semana de vacaciones, y cómo no, no era como esperaba. No quiere decir que fuera malo, ha estado colmadito de sorpresas.

El jueves quería salir un ratito, ir al Tigre, tomarme un par de chismes y volver a casa a acabar mi trimestral de autónomo... sí, la contabilidad... Todo hay que decir, la muerte de Sergio Algora ha sacudido todos los flequillos y gafas de pasta de Zaragoza, todo el mundo empezaba las conversaciones con aquello de "¿te has enterado de lo del Algora?" Sí, me enteré el mismo miércoles por la mañana a primera hora, y no, no le conocía. La fama y la reacción de la gente ante la muerte me generan una cierta incomodidad; no termino de saber cómo actuar... Al tema, el Tigre ya había cerrado y me pasé al Belmondo con el Juan. Entré y no habñia nadie, literalmente, en un instante apareció Juan con la cantinela de lo del Algora, todo el mundo tenía anécdotas con él, debió ser un tío majo... Un par de cervecitas en la más absoluta intimidad, unas de esas tapitas de pan y queso tan ricas y a casa.

El viernes hacía calor, mucho calor, conseguí fuerzas para salir por la mañana a hacer papelotes y arrastrarme a casa a dormir una siesta pegajosa de tres horas... Llamé a Bétur, pero está de brownies y no podía salir, me hice a la idea de salir solo, iría a ver al Javi un rato y luego casita, prepararse y a salir. Llamé a Roc para felicitarle los años y Roc, que es un muchacho, me recordó cómo funcionan las cosas, que me iba a liar y que mejor salir ya preparadico. Cuánta razón... Llegué al Tigre directamente y sin pasar por casa. Es raro salir solo, vale que iba a un sitio donde conozco a los parroquianos y no iba a estar colgado del todo, pero mira, siempre hace raro; me adosé al Pablo y al Dani y me fui de copas con ellos... Un cambio de recorrido nunca está mal. Fuimos al Green, la Mar organizaba un sarao y había que estar, yo estaba dispuesto a ir a cualquier sitio menos a casa, así que me pareció bien. Me encontré con Cristina mina, hacía mucho que no hablábamos y nos tomamos unos machacaos a la salud del Perrito, fue un momento tierno. Otra copa en el Tigre y a la Guacis. La misma gente que en el Green. Chapamos y a recogerse. Pablo me acompañó al chino de los bocatas y tan a gusto, a las ocho a casa.

El sábado me despertó la Chipionera a las doce, todavía mi organismo no se había limpiado e hice frente a sus males cardiacos con mi mejor atención, que no era mucha; pero suficiente para desvelarme... Apocalipto y Ala Triste, y corre que te corre al chino para cenar con el primo Iván y los andorranos. Qué majicos que son... Enseguida se fueron y nos quedamos los machotes, el Chus, el primo y yo, unas copas por aquí y por ahí pero no había ambiente y bajamos a la Casa Magnética. Allí siempre hay gente, siempre petao... ¿cómo lo harán? Salimos a la hora de cierre, ya no quedaban fuerzas y más por principios que por ganas fuimos a la Z. Yo estaba para morilme, y el agua me estaba haciendo mucho bien; me acordaba de aquel pensamiento antes de los tres últimos rollitos de pollo Pekín, este de "me va a sentar mal...", pero la gula es uno de mis pecados favoritos; chino y salir, mala combinación, vayan con cuidado. Allí, por azares del destino, estuve pelando la pava con una encuestada; pero ya hablaré en otra ocasión sobre este tema.

Hoy he disfrutado de una genialidad, "Más extraño que le ficción", un predazo de película. Luego cenaré con la Chipionera, a ver qué tal.