2008/07/31

Norgüey

Ya estoy aquí.

El lunes, justo después de postear me fui a comer la buena de Ale; los malos hombres y las buenas mujeres, un cóctel de lo peor... espero que lo lleve mejor.

Me metí en el metro esperando encontrarme con el minotauro en cualquier momento, qué pasillos más largos y retorcidos tiene el metro de Madriz... Y me indigné cuando un´torno del aeropuerto me exigió un euro extra para salir en la T3... Me pasé en mi reacción, al fin y al cabo, dos euros por ir al aeropuerto no es dinero.

Ya me junté con los chicos para subir al avión. Confieso que tengo la cabeza en muchas cosas y que estoy yendo un poco a mi pedo... estoy reflexionando sobre cosas importantes; bueno, una en particular, pero ya os pondré al día cuando se vaya aclarando.

Vuelo sin incidentes, casi me quedo frito en el despegue, da un poco de pena ver que esas cosas ya no hacen la misma ilusión que antes.

Llegada a Oslo; un tren muy rápido y muy bonito, un pastón. Noruega es MUY caro.

Al salir de la estación me encontré con una ciudad que más me recordaba a Stockwell que a una capital escandinava, suciedad, dejadez, franquicias. Empiezo a cogerle manía a las franquicias, igualan todas las ciudades y les hacen perdr carácter.

El hostal está bien, me siento un poco fuera de lugar, la gente es muy joven y están como de viaje de estudio, de fiestuqui, vamos.

Hace calor, mucho calor, tengo los esquemas rotos y me voy a dormir en una litera, renace el miedo a caer.

El martes amanece soleado muy pronto. No son noches de sol, pero hay un crepúsculo constante; de día el sol no termina de subir ni de bajar, pasas de la media mañana a la media tarde a lo largo de todo el día, y se me hace muy cansado...

Desayunamos en una cafetería moderna y con encanto, la ciudad ya tiene otro color, hemos huído de la zona más céntrica, un par de calles, y ya parece otra cosa.

Antes de las once estamos en el puerto, barcos de madera antiguos nos acompañan mientras esperamos al ferry que nos llevará al museo de los Vikingos. Yo me esperaba otra cosa al subirme al barquito, un mínimo movimiento en el mar, pero el día es bueno y el fjordo de Oslo hace un puerto natural muy calmo, en el corto trayecto imagino las aguas surcadas por drakkars cargados de poderosos guerreros, ahora turistas con riñoneras y chanclas con calcetín.

La península donde está el museo ya es utra cosa; mansiones nórdicas con el estilo que te imaginabas al ver la postal. El edificio del museo tiene planta de cruz y un coro, supongo que sería una iglesia en origen, dentro hay tres barcos vikingos, uno casi totalmente destruído por el tiempo, otro un poco mejor y otro en una forma envidiable, me temo que se han pasado en su restauración; o eso o los antiguos noruegos consiguieron que sus tallas en madera fueran resistentes al agua y al paso del tiempo... La pieza que hace de mascarón de proa y de quilla está rematada en una espiral, y es el símbolo del museo y un icono nacional, sale en las monedicas... También hay un montón de objetos de la época, una artesanía en madera de un gusto exquisito y de una calidad técnica apabullante.

Hace calor, Noruega no tiene aire acondicionado, no lo necesitan. Me salgo a la calle y me duermo una siesta en una campa verde, me despierto rodeado de Noruega, ya estoy aquí, ahora sí, todo es verde y de postal.

Volvemos al puerto, a por la otra atracción turística, la fortaleza, pero antes nos tomamos un kebab tamaño vikingo sentados en el parque. Los noruegos aprovechan cada rayo de sol para estar en la calle, y no dudan en ponerse playeros en el parque. La fortaleza es un poco decepcionante, pero las vistas son bonitas. Voy haciéndome a la idea de dónde está la belleza del país.

Esta mañana el tren. Para contribuir a mi aislamiento tengo asiento en un vagón aparte, duermo un par de siestas y al abrir los ojos estoy fuera de Oslo y en plena naturaleza, esto es lo bonito de este país, sus paisajes. Cruzo bosques jalonados de granjas y comienzo la escalada a la meseta, el agua aquí es un bien común, como el sol en España, la vida le acompaña. Bajamos en Haugastol, un apeadero a mil metros de altura, junto a un lago, ya subiré fotos cuando las tenga; no estoy tirando muchas, me acompañan dos chicas de gatillo fácil y ya van haciendo.

El viaje hasta Eifjord en autocaravana es un poco incómodo, bajamos mil metros en treinta kilómetros, el paisaje es inédito para mí... es tan diferente que se me hace muy hostil.

Llegamos a casa de Águr y Fabry, las dos niñas, unidas a la que traemos me superan por un momento, pero la felicidad de estar con los amigos me trae de vuelta.

Cena estupenda, por fin buena comida, gracias.

Todavía queda un poco de claridad al fondo del fjordo, pero yo me quedo dormido.

1 comentarios:

se hace camino al andar dijo...

Pero che!! que poco feliz se te lee, son tus vacaciones!! tendrias que estar feliz estes donde estes!!, miarme a mi... 4 meses de vaciones y todavia pediría mas!
:P

bueno, a disfrutar d elos paisajes y del lugar!
Beso.

Lib