2008/08/12

Tratando el cerebro a empujones



Como criatura unicelular yo también me merezco mis vacaciones.

No tengo prisas ni compromisos, hago sólo lo que me apetece cuando me apetece.

Hasta el uno de septiembre, que cae en... lunes, perfecto, no podía ser menos...

Sí, y en eso estoy, dándole vueltas a un montón de cosas que tengo que madurar.

Sarai está convencida de que el cerebro funciona en paralelo (y no en serie), y yo creo lo mismo, vale, ella sabe de lo que habla y yo sólo hablo por hablar, pero chico, también hay mormones por el mundo...

Tras muchos años de experiencia conmigo mismo me he dado cuenta de que no soy dado al pensamiento razonado, que no entiendo la poesía y que hay cosas que no comprenderé jamás. Ya no me preocupa, tengo una imperfección bastante funcional; lo estoy puliendo, intento ser mejor persona, soy discípulo de Earl. Yo trabajo por intuición; no vale para todo ni mucho menos, pero me quita muchos quebraderos de cabeza... mi estructura de pensamiento funciona alrededor de una serie de impulsos intelectuales que nacen de vaya usted a saber donde... pero me son bastante prácticos.

Miento, algo he oído del tema. Soy un poco tramposete en esto...

Yo soy fan de Redes (mis mejores deseos para el señor Punset que me han contado que está malito serio), y en un programa hablaban de esto. Vale que de aquella me daba a malos hábitos y puede que no lo entendiera bien, pero creo que era una cosa así. Por lo visto, la conciencia está sobrevalorada, el pensamiento consciente de hecho puede llegar a degenerar en neurosis, con lo que practicado en exceso es nocivo. El cerebro de manera no consciente archiva los estímulos y las percepciones y les da coherencia sin que nos demos cuenta, y se los sirve al pensamiento consciente como prejuicios e ideas ya acabaditos. Todos sabemos que pensar demasiado en algo nos lleva a perdernos en detalles, a preocuparnos en exceso y a equivocarnos en nuestras valoraciones.

Así pues, con mi cerebro trabajando en serie me dedico a pensar poco, a hacer pequeñas reflexiones que no van a ninguna parte y a coger trocitos de pensamiento que mi inconsciente se encargará de servirme como intuiciones en el momento preciso. De tal manera, procuro pensar de manera inconsciente en las cosas y dejar que el destino me lleve por donde voy a ir de todos modos.

Quieres unos pantalones, esos que sabes que te vas a poner mucho, a mí me pasa. Y tienes dos opciones, puedes intentar imaginar cómo los quieres y buscarlos hasta dar con ellos o bien, puedes buscarlos hasta dar con ellos. Diferencia, si los buscas sin haberlos imaginado, te ahorras la angustia de no encontrarlos. Cuando veas tus pantalones los reconocerás, tu cerebro ya sabe lo que quieres... sólo hay que dejarle hacer. Confía.

Pues así trabajo yo escribiendo.

Voy dejando que fluyan las ideas, que floten las buenas y se hundan por su peso las malas (eso lo aprendí del bueno de Míchel Suñén), cada cierto tiempo agito un poco el frasco para que se recoloquen las cosas, y cuando ya está todo el trabajo hecho, el duro de verdad, ahí empiezo a trabajar, sacándolo ya hecho.

Me pasa lo mismo cuando dibujo; mi mejor momento es recién levantado, con la legaña en el ojo y el aliento de perrete chico, me siento en la mesa con todo el trabajo preparado del día anterior y me voy despertando poco a poco. Un par de horitas después ya estoy despierto, miro mi trabajo y veo que ha avanzado muchísimo sin ningún sufrimiento creativo; yo ya sé dibujar y el trabajo lo tengo organizado... dejo cada cosa para su momento.

Bueno, no se pueden hacer todas las fases del trabajo así, pero creo que las más delicadas, las que generan más sufrimiento, sí.

Encontrar la idea clave: sí.

Escribir un guión técnico: no.

Definir un estilo gráfico: sí.

Dibujar un storyboard: no.

Enfrentarte a la página en blanco: sí.

Hacer los acabados finos: no.

Intento no ser mi propio enemigo, y comprendo que hay fases del proceso creativo o del proceso mismo de la vida en las que hay que dejar que las cosas se hagan por sí solas somos más listos de lo que creemos (vale, en mi caso no).

No estoy diciendo que nunca hay que pensar, digo que no siempre hay que pensar conscientemente, la angustia nubla el juicio.

Mi vecina Vicenta aunque no lo sepa es una gurú.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Y yo pensando que los hombres no pensaban!
Chaval, cada día me das una nueva lección.
Saludos a la Sra. Vicenta.