2009/01/15

Metafísica de porcelana

(Lo escribí la semana pasada pero no lo publiqué, no me terminó de molar...)

La puta, qué frío hace...

La única cosa positiva es que nieva un poquito, que también es tontería que nos alegre la nieve, pero es que tiene el encanto de lo extraordinario.

Anoche estaba yo aquí, en mi precioso salón acristalado, con la calefacción a tope y tiritando de frío (vale, no tiritaba) y maldiciendo el invierno... que vuelva el buen tiempo, por favor!

Y ahí estaba yo, sentado en la habitación más caliente de la casa, la más pequeña, sin ventanas, amoblada de porcelana.

Las buenas compañías me han traído un libro que concilia ciencia y literatura, una joya. Tan a gusto estaba al calor, cómodo y reunido conmigo mismo, sugerido por las buenas letras que me he puesto a pensar, a divagar si hay que ser más exactos.

Pensaba que las ideas, las realmente buenas, las puras, no las entendemos totalmente, son como un rayo de luz blanca que filtramos a través de la lente de nuestra propia incapacidad y así se las devolvemos al mundo, a nuestros contertulios en charlas intrascendentes. En esas charlas en las que todos hablamos de todo y no entendemos nada, emitimos nuestros rayos de luz blanca filtrada transformada en vagos matices de color... Una pena.

Tan a gusto estaba que me quedé un rato más, miraba el papel pero no leía.

Tenía un argumento, pero faltaba algo ¿qué pasa con esos trozos de ideas inconexas? Esos matices de color los recopilamos sin darnos cuenta, los juntamos con nuestras lentes personales y un día las devolvemos, otra vez como un rayo de luz blanca... una idea nueva asociando conceptos vagos recogidos por ahí.

Lo que hace el frío siberiano noniano...