2011/05/24

Pogüerpoins de gatitos

El peor spam es el que viene de los amigos.

No son anuncios de alargamientos de pene ni de medicinas milagrosas, ni una misteriosa transferencia a tu nombre ni una novia rusa que ha visto tu perfil por internet.

Son esos PowerPoints que alguien te envía con la mejor intención, fotos de viajes, vídeos (presuntamente) graciosos, esa morralla.

Tengo ahora una persona a la que quiero mucho que me manda tres o cuatro cada día y suelo borrarlos directamente.

Me manda de todo, vídeos de folklore, fotos de maravillosos paisajes y mil cosas que uno puede disfrutar, el problema viene cuando entramos en política. Los clásicos emails que denuncian los sueldos de la clase política y los abusos de poder, eso está bien, no ofenden a nadie.

El problema empieza cuando se descubren las diferencias de tendencia política, es tontería insistir en mi ateísmo y mi tendencia izquierdosa (alguien me llamó troskista! No sé bien bien qué es) y esta persona a la que adoro no comparte mi pensamiento... Pero sí que me manda, indiscriminadamente con el maldito botón de "enviar a todos", chistes de Zapatero y cualquier recorte (alguno directamente mentira, que los he comprobado!) de Rubalcaba, pero hoy, amigo Sancho... con la iglesia hemos topado*.

Cuando me manda cosas de esta suelen ser espirituales, de los de sé buena persona y tal, eso es universal y se entiende positivo, pero es que lo de hoy era una pasada, parecía el típico discurso inflamado "Y a Cristo le clavaron unos enormes clavos de QUINCE CENTÍMETROS!" y lo mejor, lo mejor... "Y FUE POR TU CULPA!!!".

Bueno, yo no le pedí nada... ni siquiera vivía, bueno, yo creo en Él (le concedo la mayúscula) como figura histórica, pero de ahí a la divinidad... hace falta creer en la divinidad y por ahí ya no cuela ni con vaselina a chorro.

Me parece mal que me manden spam de amigo para que reflexione, para que me divierta, para despertarme el sentido crítico, para asustarme incluso, ¿pero para acusarme de algo y hacerme sentir culpable? No, para eso paso.

Debería escribirle, o llamarle y decirle que me borre de la lista de correo, pero no sé cómo decírselo sin que le siente mal. La otra opción es ponerle en el spam, pero eso sería injusto realmente. Supongo que seguiré borrando sistemáticamente sus mensajes y sonriendo cada vez que veo que se acuerda de mí, aunque sea como parte de ese "todos".

* La frase es del Quijote y originalmente no tenía el sentido que se le da ahora, era sencillamente que llegaban a una tapia de la iglesia... luego le hemos sacado otras lecturas, la grandeza de una gran obra.