2014/10/27

Altas y bajas

Veintidós años hace hoy de la muerte de mi hermano.

Y las cosas han cambiado mucho en ese tiempo.

Pasamos unos años muy malos después de su muerte, realmente malos. No sé por qué en nuestra sociedad no nos preparamos para el duelo, no nos mentalizamos de que vamos a morir en algún momento, tal vez se te caiga una teja en la cabeza mientras vas patinando, o una tapa de setas tiene la seta equivocada, ya sabes, una muerte ridícula.

Por eso digo que hace veintidós años nos visitó la muerte y no supimos bien cómo reaccionar.

Pasado el tiempo quise entender que la única lucha que se puede ganar contra la inevitable parca es vivir cada día e intentar ser feliz, asumir que en el mundo sólo tenemos certeza de esta vida y que no sabemos lo que durará (luego está el que cree que hay un más allá, pero no hay seguridad). Así que decidí ser totalmente egoísta al vivir y no aceptar más mierda de la estrictamente necesaria. Si algo me gusta, lo disfruto, si algo no me gusta, intento cambiarlo.

Y así he ido viviendo desde entonces.

Hasta que hace un par de meses llegó Marcela a mi vida, mi maravillosa hija a la que quiero con locura a pesar de acabar de conocerla, y lo cambió todo. Ya no puedo vivir para mí, es hora de vivir para ella.

Y la perspectiva me hace feliz.

1 comentarios:

Blanca Bk dijo...

Por fin has conocido a tu gran amor. Todo llega. Un abrazo. ;)