2008/01/25

Una tacita de insomnio

El insomnio me tiene preso. Maldito hijo de puta...

Y no es la primera vez que me pasa, termino un número (el 77 ya de la Catwoman!), y no puedo dormir con la tranquilidad del trabajo bien hecho... De normal, si tengo trabajo que hacer y no puedo dormir, me levanto y eso que salgo ganando, pero de golpe me he puesto al día de mis lecturas y tengo mis mails más o menos controlados... es un momento de una extraña paz.

No me preocuparía si no hubiera quedado mañana para desayunar con una gente, desayunar, hacer unas compras, ir al banco...

Pero qué más da, mañana sólo tengo que escanear unas cosas y mandarlas... y todo el fin de semana por delante...

Al llegar a casa hoy del gimnasio, llámalo gimnasio, llámalo casa de un colega, he llamado a un amigo de Barcelona, me lo ha cogido su compañera de piso, una chica súper maja, y la pobre estaba de bajoncete, yo tenía ganas de hablar, y me he liado a darle un auténtico chapazo telefónico, no era de esos que pego a posta a quien se lo merece, no, la chica estaba un poco triste, está en la soltería de los treinta.

Es como un virus, no afecta a todos, pero sí a los suficientes, a los treinta se rompen parejas que no veas... no sé la razón, supongo que son los que se divorciaban hace años, ahora, por suerte, nos lo sabemos mejor, somos más precavidos, nos fiamos menos, y por eso mejor no firmar papeles, un contrato verbal ya vale. El caso es que los problemas que acarrea, aunque se minimicen mucho al no meter a nadie de fuera de la pareja en la disolución del trato, no desaparecen del todo. Están todos los problemas logísticos, quién se queda con el piso, los muebles, los deuvedeses, los cereles... todo eso es molesto en un primer momento, pero la buena fe lo soluciona. Son más graves los problemas emocionales, lidiar con la dependencia, los amigos (que también acaban por repartirse) y sobre todo, adaptarse a la nueva situación; los días se hacen muy largos, y hay que crearse nuevas rutinas, conocer gente nueva, hacer cosas...

No, no tengo ninguna reflexión al respecto, es sólo la constatación de un hecho, creo que estas cosas tan universales no necesitan explicarse... es como la muerte, es un hecho, reflexionar sobre ella es como no asumirla.

Yo, que soy un poco fenicio, he decidido hacer de mis tribulaciones negocio, y ya tengo mi cuaderno anecdotario preparado para ir apuntando todas esas anecdotillas que tanto me gustan a mí y tanto divierten a la muchachada, cuando tenga las suficientes, las ajustaré a un hilo argumental que tramé aquí, y dibujaré "Amarillo 2.0", la continuación de "Amarillo Enamorado", una historia de amore contada a base de anécdotas reales como la vida misma.

En otro orden de cosas, sigo preparando mi viaje a Barcelona, iré a ver a Àlex de Norma para hacer negocios, y después me pegaré el fin de semana disfrutando de la ciudad de mis amores...

Barcelona, qué hermosa eres... no es una gala de verano del bueno de José Luis Moreno (tranquilo, Daniel, que no te suba el azúcar).

He vivido allí algo más de cuatro años, y me pasaron como si nada. Desde la primera vez que la vi me enamoré perdidamente, la conocí a base de salones del cómic, pero el amor de verdad llegó gracias a una chica, cómo no

Estudiaba arquitectura y fue mi primer pecado, la primera vez que fui egoísta a sabiendas, que antepuse mis deseos a lo que debía hacer... lo repetiría mil veces... La cosa fue que pasé de la boda de mi tía por ir a pasar el fin de semana con esta chica, había sido un verano muy intenso y en dos semanas me iba a ir a Londres a pasar una larga temporada (que luego no lo fue tanto), la chica ésta fue mi primera relación rollo amantes, nos vemos unos días, nos lo pasamos guay, y luego tan amigos. Ella me enseñó la ciudad, me explicó sus detalles y sus códigos, los porqués de todo... Aún lo recuerdo con una sonrisa.

Volví el lunes por la tarde, dormí todo el viaje en el bus (nueve horas), y llegué a casa, aquel lunes empezó espiral, y empezó mi idilio con Barcelona.

Desde entonces, cada vez la he ido conociendo más, tengo mis sitios favoritos, me oriento bien, ya sé qué ropa hay que ponerse, hablo la lengua indígena, he hecho amigos, bueno, no, AMIGOS...

Lo que pasa es que prefiero vivir en Zaragoza... Barcelona es como la amante a la que regresas, porque te entiende, no te pide nada y siempre está con la sonrisa perfecta para ti... No es para todos los días, pierde parte de su magia. Me pasa parecido con mi pueblo, es un sitio estupendo, me lo paso bien cuando voy, pero no puedo vivir allí, eso sí, cuando paso mucho tiempo que no voy, lo hecho de menos.

Ahora hecho de menos Barcelona, un fin de semana largo, ver a la gente, otro ambiente... lo pasaré bien.

Pero hasta entonces, tengo un fin de semana por delante, la ciudad a mis pies y unos cuantos tiestecitos que regar...

Realmente no es un mal plan.